lunes, 26 de mayo de 2008

El centro

Hoy todo el mundo quiere estar en el centro. Algunos dicen que en el centro está la virtud, yo pienso que están pensando lo que yo pienso. Para mi el centro es como el comodín del concursante,  que sólo sirve para sacarte de apuros. El centro es anodino, tibio, sin personalidad, indefinido, acomodaticio.
Resulta que esta sociedad del consumo está ubicada en el centro, donde se sitúan los que se dicen liberales, es decir, los que te dejan hacer casi todo: te dejan abortar, divorciarte, no les importa que seas maricón, les da lo mismo que vayas a misa o mires a la meca, y son tan permisivos porque ellos también disfrutan de esos pecados.
En el fondo son de derechas y más reaccionarios que los propios conservadores, a saber, en momentos críticos no dudan en implantar la pena de muerte o declarar un estado de sitio ante una huelga general. Son compañeros de viaje peligrosos, sólo sirven para sumar votos pero sus votos resultan muy caros para los partidos políticos que quieran hacer una política social real y de izquierdas.

Volviendo sobre la limpieza

Hoy, mientras esperaba en la calle a mi mujer, me fijé en un gesto que por habitual no deja de sorprenderme. En la puerta de un edificio había dos mujeres fumando, las dos iban vestidas con una bata blanca y una de ellas tenía una escoba en las manos; creo que se trata de un centro social de la Comunidad de Madrid. Hasta aquí todo parece normal, lo que causa sorpresa es ver cómo una persona que lleva una herramienta para limpiar, arroja un cigarrillo al suelo para luego esconderlo con la misma escoba en el pequeño jardín que hay junto a la entrada del edificio. Sé que se trata de un gesto intuitivo, inconsciente, pero no por ello deja de ser incorrecto. Esta persona tiene una herramienta de limpiar en la mano y sabe usarla y es probable que termine sus días con ella en la mano, pero nunca sabrá discernir entre lo que es correcto y lo que no lo es.

¡¡Que paran ellos!!

Hoy nadie pone pegas para que la mujer quede embarazada, al contrario, todo son facilidades para que traigan hijos a este mundo; hasta los partidos denominados socialistas se suman a la campaña primando los nacimientos.
Desde que los trabajadores decidieron planificar su familia, el Capital ha encendido las alarmas para que los políticos pongan en marcha medidas que garanticen la continuidad de la especie, es decir, un proletariado consumidor.
De lo anterior se puede deducir que mientras se garantice la continuidad de la especie obrera, el Capital está servido; otra cosa es ¿qué hacer con la prole? La respuesta es sencilla: que cada palo aguante su vela. Lo importante ya se ha hecho y una vez aquí, hay que procurar que llegue a la edad de trabajar, luego procrear, y así hasta que se cierre el ciclo.
El paso del tiempo nos dice que, en principio, las medidas son voluntarias, más tarde son sugeridas y al final coercitivas. Hay que estar atentos, lo que para unos es una decisión personal, para otros pocos es una necesidad imperiosa.